Cronica de un perro callejero

 

 

 

 

(dedicado a todos los perros que son menospreciados por tener enfermedades en la piel)

 

 

 

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Nací. Dicen que eso es lo que me pasó, yo solo me acuerdo que de pronto sentí mucho frío. Era oscuro igual que antes, mas no sentí el calor y suave liquido del vientre de mi madre. Pero allá estaba ella, de otra manera seguía estando para mi. Con su lengüita caliente, alimentándome desesperadamente. Escuché sus chillidos, como intenta acomodarse para que yo pueda comer cómodamente y tomar más leche, pero no tenía mucha. Sentí algunas partes de su piel sin pelo, se siente distinto a donde si hay, ahí es suave y caliente.

Cuando por fin abrí los ojos, vi que mi mami no es como cualquier perrito. Vi muchos, en la calle andan bastantes perros ajenos. La mayoría sí tenía pelo, mi mami no. Y era flaca, muy flaca, quizá por eso no tenia leche y trabajé mucho para sacarle un poco de sus tetillas, nunca salió suficiente.

 

Aprendí a vivir con hambre, chillando. Un día, no sé porque, me levantó una mano, mi mami miraba hacia mi, yo la ví alejandose, pero en realidad yo estaba alejandome de mi madre, en la mano de esta persona. Vi los ojos preocupados de ella, escuché su chillido debil luego se ozcurezcó todo. Esta persona caminó bastante conmigo, yo no vi nada, solo la pared de una bolsa plástica de color negro. De pronto paramos, ví acercar la mano grande hacia mi lomo, me agarró, me levantó y luego me bajo al suelo, rápido, arrojándome hacia la yerba mala. Me caí, fuí rodando hacia una piedra grande, cuando me levanté buscando la mano ya no estaba….ví 3 o 4 personas alejándose pero no sé cual era “mi dueño”. Mi mama no estaba, no estaba su olor, ni su calor. De nuevo tuve hambre. Lloré, pero nadie me escuchó. Me desesperé y empecé a caminar, desde entonces no he parado. Durante largos meses nunca encontré a mi mama, ni la mano que me trajo a este lugar, donde al final me instalé. Aprendí beber agua de los charcos que quedan después de las tormentas. No sabe nada bien, pero quita la horrible sed, la que te dan los días tan calurosas  del Caribe. Aprendí a buscar comida en la basura. Sentarme al lado de los puestos y mirar fijamente la comida que huele tan rico. Sabes, si fijas mucho en ella, a veces caen trozos sabrosos. Caen de manos grandes, como de la que caí hace muchos meses yo. Así se vive, eso es la vida. Supongo.

No sé hasta cuando durará, tengo dolores y picores fuertes en mi piel, me rasco y rasco pero no se me quita y me hago heridas que sangran. Yo soy igual que mi guapa mamá. Yo tampoco tengo pelito casi en ningún lado de mi cuerpo. Por acá somos muchos perros bebiendo de los charcos y comiendo de la basura. Pero yo soy diferente, más bonito, porque los otros tienen pelo y yo no. Quizá algún día, por ser más guapa que ellos, otra vez me acercará una mano grande y oscura y me llevará a su casa y me adoptará. Hablan de eso por acá, que existe una posibilidad de ser adoptado y que es el milagro más grande que nos puede pasar a los perros de la calle. Yo confío en mi adopción, por ser diferente, sin pelo, muy linda, más guapo que otros. Al final, el humano es superficial, eso dicen, quizá entonces tengo oportunidad. Aquí estaré esperando el milagro.

Fin

escrito por: mercedes edda papp

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